Jackson Cionek
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Cuando la sincronía no basta para formar un nosotros

Cuando la sincronía no basta para formar un nosotros

I-mode, We-mode y el momento en que lo colectivo entra en el cuerpo

Hay una pregunta que podemos sentir en el cuerpo antes de responderla con teoría: cuando dos personas se coordinan, ¿eso ya es un “nosotros”? ¿O todavía puede ser solo un ajuste fino entre intereses separados, cada quien protegiendo su propio tiempo, su propia ganancia y su propia estabilidad?

Este blog empieza justamente ahí, porque aquí queremos salir de una neurociencia que trata al individuo como si llegara listo y aislado, y entrar en una neurociencia verdaderamente relacional. La pregunta ya no es solo qué hace un cerebro frente a un estímulo. La pregunta pasa a ser otra: qué cambia cuando cerebros, cuerpos, metas y espacio percibido empiezan a reorganizar juntos la cualidad misma de la acción. Los trabajos recientes de Aial Sobeh ayudan a abrir esa puerta: uno de ellos relaciona la sincronía interbral con la mitigación del extremismo dentro de cámaras de eco, y otro muestra que la sincronía interbral durante la deliberación moral se asocia con mayor alineamiento posterior entre miembros del grupo. (PubMed)

Pero aquí aparece la pregunta decisiva: ¿sincronía ya es colectividad vivida? La respuesta más honesta es no. Dos cerebros pueden ajustarse sin que llegue a surgir un “nosotros” verdaderamente encarnado. Puede haber convergencia sin compromiso común. Puede haber coordinación sin agencia compartida. Puede haber acoplamiento sin pertenencia. La distinción filosófica entre I-mode y We-mode formulada por Raimo Tuomela ayuda justamente a separar esas capas: en el I-mode la acción conjunta sigue anclada en razones privadas; en el We-mode, la acción se organiza como acción del grupo bajo un compromiso compartido con una meta común. (Wiley Online Library)

Por eso el paradigma que estamos pensando con I-mode / We-mode gana tanta fuerza. Su elegancia está en mantener casi intacta la tarea sensoriomotora y cambiar, en cambio, la arquitectura de la acción. Después de un retraso variable aparece una señal visual de “go” y cada participante presiona una tecla; la variable principal es la diferencia temporal entre sus respuestas. En la condición We-mode, si la diferencia queda por debajo de un umbral, ambos ganan un punto; si no, ambos pierden. En la condición I-mode, la interdependencia se mantiene, pero la recompensa se individualiza: si ambos caen dentro del umbral, el más rápido gana y el más lento pierde; si no, ambos pierden. El gesto es parecido, el tiempo es parecido, el estímulo es parecido, pero cambia la forma de estar juntos.

Ese punto importa mucho porque desmonta una confusión frecuente: coordinación no es lo mismo que colectividad. Podemos ajustar nuestro tiempo al de otra persona por cálculo privado. Podemos cooperar porque eso mejora nuestro propio saldo. Podemos parecer armónicos por fuera y seguir organizados, por dentro, por razones separadas. El material que estamos usando deja eso muy claro: la diferencia crucial entre I-mode y We-mode no está en la conducta observable en sí misma, sino en la estructura de motivación e intencionalidad que sostiene esa conducta.

Ahora bien, en una lectura BrainLatam2026, la diferencia entre I-mode y We-mode no debería aparecer solo en lo que una persona dice después de la tarea. También tendría que aparecer en el cuerpo. En cómo la respiración organiza el gesto. En cómo la musculatura sostiene o endurece la acción. En cómo se distribuye la atención. En cómo el otro es percibido: como obstáculo, como referencia, o como parte de un compás común. Aquí no queremos saber solo qué regla fue entendida. Queremos percibir qué cuerpo empezó a existir ahí.

Y aquí entra un insight que amplía mucho todo el problema: antes de cooperar, competir o sincronizar, primero necesitamos situarnos. En cualquier ambiente sentimos un espacio, un volumen, un campo de acción dentro del cual nos ubicamos, nos ambientamos, respiramos, ajustamos la postura y construimos una forma de presencia. Ese acto de referenciarnos en el espacio no es un detalle periférico. Ya participa en la construcción del yo en situación. La literatura reciente sobre peripersonal space describe el espacio cercano al cuerpo como la zona donde ocurren la mayoría de las interacciones con objetos, amenazas y otras personas, mientras que la literatura sobre bodily self-consciousness entiende la autoconciencia corporal como resultado de la integración de múltiples señales, entre ellas interocepción, propiocepción y presencia, es decir, la percepción de estar localizado en algún lugar. (PMC)

En nuestro lenguaje, eso nos permite decir algo fuerte: el Yo Tensional no entra listo en el experimento. Lo vamos armando allí, dentro de un espacio percibido. Ese yo se modula por el ciclo respiratorio, por la interocepción, por la propiocepción y por el reclutamiento de memorias corporales y prácticas necesarias para sostener una forma de estar dentro de ese volumen. El yo no es solo una identidad psicológica abstracta. También es una solución corporal para habitar un espacio y actuar dentro de él.

Cuando releemos los trabajos de Sobeh desde esa lente, se vuelven todavía más ricos. En el estudio sobre alineamiento moral, los autores examinaron hasta qué punto los cerebros de miembros de un grupo se sincronizan durante la deliberación sobre cuestiones morales y cómo esa sincronía acompaña el alineamiento posterior; el resultado principal destacado por la publicación es que una mayor sincronía interbral durante la deliberación se asoció con mayor alineamiento moral después. Eso muestra que lo colectivo entra de lleno en la formación del juicio. Pero nuestra pregunta puede ir un paso más allá: quizá el paso del ajuste instrumental a la agencia compartida también dependa de cómo dos o más cuerpos consiguen cohabitar un mismo campo percibido de acción, y no solamente acertar un umbral temporal. (Nature)

La investigación reciente sobre autoconciencia corporal también refuerza ese movimiento. Owens y Duncan distinguen entre embodiment y presence: embodiment como percepción de tener un cuerpo propio, y presence como percepción de estar en una localización. Brunello y colegas, en una revisión sistemática y metaanálisis, identifican correlatos neurales recurrentes de la bodily self-consciousness en paradigmas de propiedad corporal y sentido de agencia. En conjunto, estos trabajos sostienen la idea de que futuros estudios sobre I-mode y We-mode podrían monitorear no solo acoplamiento interbral y señales autonómicas, sino también redes ligadas a percepción de espacio, presencia y self-location. (Frontiers)

Eso vuelve más rico el horizonte metodológico de este blog. La tarea de tiempo de reacción sigue siendo excelente como núcleo, justamente porque mantiene estable la estructura sensoriomotora y cambia la arquitectura motivacional. Pero hacia adelante podemos imaginar dos capas adicionales. La primera es la capa corporal clásica: respiración, ECG con HRV/RMSSD, EMG de masetero y trapecio, quizá GSR. La segunda es la capa espacial y de presencia: marcadores neurales y conductuales ligados a self-location, orientación en el espacio percibido y corregulación de la presencia con el otro. La literatura sobre espacio peripersonal y bodily self-consciousness sugiere prestar atención especial a redes parietales, premotoras, temporoparietales e insulares. (PMC)

Esta ampliación también impide una simplificación peligrosa: confundir instrucción con experiencia. Decir “maximicemos juntos” no garantiza, por sí solo, que haya emergido un nosotros. En la propia discusión del paradigma se reconoce que pueden persistir estrategias egocéntricas residuales incluso en We-mode, y que ese residuo debería poder detectarse en autorreportes y en medidas de acoplamiento interbral. También se aclara algo clave: We-mode no es altruismo. Donar recompensas a una institución puede introducir motivación prosocial, pero eso por sí solo no garantiza We-mode; lo decisivo es que la meta sea representada y perseguida como genuinamente compartida.

Por eso este blog no quiere describir el problema desde afuera. Quiere que la propia lectura empiece a funcionar como un pequeño ejercicio de We-mode. Aquí no estamos observando un objeto distante; estamos entrando juntos en una pregunta: ¿cuándo deja la coordinación de ser meramente instrumental y empieza a convertirse en un nosotros encarnado? ¿Cuándo deja el cuerpo de vigilar al otro como amenaza o restricción externa y empieza a sostener un campo común de acción?

En ese punto, Jiwasa entra de manera natural. No como una palabra decorativa para lo colectivo, ni como una disolución romántica del individuo, sino como la posibilidad de un “nosotros” vivo, sentido, corporal. Un nosotros en el que el cuerpo no desaparece; al contrario, encuentra una forma menos predatoria de sostener lo común. En ese sentido, lo colectivo no es rebaño ni contrato frío. Es coordinación encarnada con espacio, respiración, memoria y meta compartida.

Eso también prepara la entrada de APUS y DREX Cidadão. APUS importa aquí porque no hay yo sin cuerpo-territorio, no hay agencia sin orientación espacial, no hay colectividad sin un volumen percibido, un campo de acción compartido y una presencia distribuida. Y DREX Cidadão importa porque el problema del I-mode y del We-mode no es solo filosófico ni solo de laboratorio; también es institucional. Algunas sociedades nos colocan en interdependencia constante bajo recompensa individualizada, vigilancia difusa y tensión corporal crónica. Eso sería una forma de I-mode estructural. Otras configuraciones podrían sostener metas comunes con seguridad material mínima y menor captura fisiológica. Esta última es una extensión teórica que estamos proponiendo a partir del marco experimental y conceptual, no una conclusión directa de los artículos citados.

Al final, la frase que este blog quiere hacernos sentir es simple: no toda sincronía forma un nosotros. El futuro de una neurociencia decolonial de los colectivos depende de que distingamos al menos cuatro cosas que la cultura suele mezclar: ajuste temporal, cooperación instrumental, agencia compartida y construcción espacial del yo en situación. Los estudios de Sobeh muestran que lo que ocurre entre cerebros ya participa del destino moral y político del grupo. El paradigma I-mode / We-mode abre una vía elegante para separar coordinación de compromiso común. Y el insight espacial amplía todavía más la cuestión: un nosotros no se construye solo entre intenciones, sino dentro de un espacio que se habita, se respira y se percibe juntos. (PubMed)

Tal vez allí es donde la neurociencia de los colectivos empieza realmente a cambiar de nivel: cuando dejamos de preguntar solo si dos cerebros sincronizan, y empezamos a preguntar en qué espacio, con qué cuerpo y en nombre de qué nosotros esa sincronía empieza a existir. (PubMed)

Referencias

Sobeh, A., Vakrat, T. M., & Shamay-Tsoory, S. (2025). Interbrain Synchrony Mitigates Extremism Within Echo Chambers. Annals of the New York Academy of Sciences, 1552(1), 117–128. doi:10.1111/nyas.70083. (PubMed)

Sobeh, A., & Shamay-Tsoory, S. (2025). The emergence of moral alignment within human groups is facilitated by interbrain synchrony. Communications Biology, 8, 464. doi:10.1038/s42003-025-07831-4. (Nature)

Tuomela, R. (2006). Joint intention, we-mode and I-mode. Midwest Studies in Philosophy, 30, 35–58. doi:10.1111/j.1475-4975.2006.00127.x. (Wiley Online Library)

Candia-Rivera, D., Engelen, T., Babo-Rebelo, M., & Salamone, P. C. (2024). Interoception, network physiology and the emergence of bodily self-awareness. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 165, 105864. doi:10.1016/j.neubiorev.2024.105864. (PubMed)

Basile, G. A., Tatti, E., Bertino, S., Milardi, D., Genovese, G., Bruno, A., Muscatello, M. R. A., Ciurleo, R., Cerasa, A., & Cacciola, A. (2024). Neuroanatomical correlates of peripersonal space: bridging the gap between perception, action, emotion and social cognition. Brain Structure and Function, 229, 1047–1072. doi:10.1007/s00429-024-02781-9. (PMC)

Owens, E. A. A., & Duncan, R. O. (2025). Evidence of a hierarchical representation in bodily self-consciousness: the neural correlates of embodiment and presence in virtual worlds. Frontiers in Human Neuroscience, 19, 1468947. doi:10.3389/fnhum.2025.1468947. (Frontiers)

Brunello, N., Diana, L., Sritharan, J., Glisic, M., Nef, T., Verma, R. K., & Zito, G. A. (2025). A systematic review and meta-analysis on the neural correlates of bodily self-consciousness. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 179, 106420. doi:10.1016/j.neubiorev.2025.106420. (PubMed)



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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States